Revista de Ciencias Sociales (RCS)
Vol. XXXII, No. 1, Enero - Marzo 2026. pp.
178-192
FCES - LUZ ● ISSN: 1315-9518 ● ISSN-E: 2477-9431
Como citar: Hernández, E. A.,
Vivares, D. V., y Alarcón, L. (2026). Discursos y experiencias temporales de
profesoras universitarias con responsabilidades de cuidado en Colombia. Revista
De Ciencias Sociales, XXXII(1), 178-192.
Discursos y experiencias temporales
de profesoras universitarias con responsabilidades de cuidado en Colombia*
Hernández
Zapata, Edwin A.**
Vivares
Porras, Diana V.***
Alarcón
Franco, Lineth****
Resumen
Se
analizan las experiencias temporales de profesoras universitarias con responsabilidades
de cuidado en Colombia. Se empleó el análisis del discurso y de los repertorios
interpretativos como método. Se identifica la narrativa contable como registro
estructurante de sus experiencias. Este da cuenta de un modo concreto de narrar
la vida, que ocasiona gran malestar subjetivo. Se analizan 5 ejes de
experiencia temporal vinculados a dicha narrativa: 1. La experiencia de lo
inacabado; 2. El aplanamiento de la narración de sí y de la temporalidad; 3. La
fetichización numérica de la subjetividad. 4. Seducidas a la autoexplotación de
los recursos temporales; 5. La feminización de las estrategias de conciliación
temporal. Estas experiencias son problematizadas por las participantes, en
tanto las precariza, sobrecarga de trabajo, pone en desventaja socioeconómica y
aniquila la pluralidad de la experiencia temporal. Se concluye que el
sostenimiento de la narrativa contable genera una autoaceleración ilimitada de
la máquina interna (empresarializada). Dicha autoaceleración, analizada desde
un dispositivo sexogenérico, muestra tener efectos más nocivos en el bienestar
de las profesoras con responsabilidades de cuidado que en los profesores. Estas
son seducidas constantemente a conciliar entre los tiempos de trabajo,
formación, cuidado de otros y de sí mismas.
Palabras clave: Temporalidad; división sexual del trabajo;
género; cuidado; profesoras universitarias.
* Este proyecto ha sido financiado por la Universidad Cooperativa de
Colombia (INV٣٥٢٣).
** Doctor en Ciencias Sociales. Profesor Investigador del Área de Psicología Social en la Universidad Cooperativa de Colombia, Medellín, Antioquia, Colombia. E-mail: edwin.hernandezz@campusucc.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4646-632X
*** Doctoranda en Ciencias Sociales y Humanas en la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia. Magíster en Psicología Social. Profesora Investigadora del Área de Psicología Social en la Fundación Universitaria María Cano, Medellín, Colombia. E-mail: dianavanessavivaresporras@fumc.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4294-5913
**** Magíster en Ciencias del Sistema Nervioso con Especialización en Investigación de Neuro-toxicología y Neurofarmacología. Especialista en Toxicología. Médica. Profesora Investigadora del Área de Medicina en la Universidad Cooperativa de Colombia, Medellín, Antioquia, Colombia. E-mail: lineth.alarconf@campusucc.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8616-0069
Recibido: 2025-09-13 • Aceptado: 2025-12-01
Temporal discourses and experiences of university professors with caregiving responsibilities in Colombia
Abstract
This study analyzes the temporal experiences of female university professors with caregiving responsibilities in Colombia. Discourse analysis and interpretive repertoire were used as the research method. The accounting narrative is identified as a structuring framework for their experiences. This narrative reflects a specific way of recounting life, which causes significant subjective distress. Five dimensions of temporal experience linked to this narrative are analyzed: 1. The experience of incompleteness; 2. The flattening of self-narrative and temporality; 3. The numerical fetishization of subjectivity; 4. Being seduced into self-exploitation of temporal resources; 5. The feminization of time management strategies. These experiences are problematized by the participants, as they lead to precarious working conditions, work overload, socioeconomic disadvantages, and the annihilation of the plurality of temporal experience. The study concludes that maintaining the accounting narrative generates an unlimited self-acceleration of the internal (business-oriented) machine. This self-acceleration, analyzed from a gender perspective, shows more harmful effects on the well-being of female professors with caregiving responsibilities than on their male counterparts. These women are constantly pressured to balance the demands of work, professional development, caring for others, and self-care
Keywords: Temporality; sexual division of labor; gender; caregiving; female university professors.
Introducción
Este
artículo se inscribe en el dispositivo analítico de la historia del presente
(Foucault, 2006a). Desde un enfoque de género, analiza la temporalidad en tanto
objeto de problematización y gobierno, en específico, las experiencias
temporales de profesoras universitarias en Colombia, quienes además de
responsabilidades laborales tienen funciones de cuidado. Aborda los procesos de
subjetivación desde una analítica foucaultiana, problematizando las formas de
relacionamiento que las participantes establecen consigo mismas y con otros en
el marco de una racionalidad neoliberal que, en función de la empresarialidad,
nubla la distinción entre tiempos productivos, reproductivos, de cuidado, ocio
y descanso, aplanando la temporalidad del vivir.
La
mayoría de los trabajos que se inscriben en la historia del presente y en la
analítica de la gubernamentalidad son abordados desde un plano
teórico-reflexivo (Hernández y Bedoya, 2022). Frente a esto, Vázquez (2021)
invita a hacer un uso praxeológico de conceptos como verdad, biopolítica,
gubernamentalidad, poder, saber, subjetividad, entre otros, considerando que
estos, además de ser interpretados filosóficamente a partir de la obra
foucaultiana y de los teóricos de la gubernamentalidad, es propicio usarlos
como herramientas prácticas para abordar objetos específicos de
problematización.
Con
base en lo anterior, este artículo desde un plano praxeológico estudia situadamente
las experiencias temporales de las participantes, en tanto ejes estructurantes
de los procesos de subjetivación. Lo dicho, en sintonía con Foucault (2006b),
quien refiere que es en el plano de las prácticas discursivas y no discursivas
donde un problema de entendimiento puede analizarse con mayor rigor.
Desde
este marco analítico, el tiempo no es pensado como un a priori, es decir, como
un existente inmediato o prediscursivo, tampoco como un universal
antropológico. La temporalidad es el producto de ensamblajes heterogéneos en
que participan elementos discursivos, técnicos, estratégicos, materiales,
sociales, entre otros, los cuales, en su composición, producen experiencias
particulares (Deleuze y Guattari, 2013).
En
sintonía con lo anterior, Foucault (2011) usa el concepto “foco de experiencia” para referirse a tres ejes de
análisis y configuración de objetos de problematización: 1. Formas o campos de
saber; 2. Matrices normativas; y, 3. Formas de subjetividad. Estos ejes, al
correlacionarse, posibilitan un abordaje complejo de las experiencias. Como se
constata en sus trabajos, este autor se interesó por la experiencia de la
locura, la prisión, la sexualidad, entre otras; en este caso se ocupa de la
experiencia de la temporalidad.
Según
lo anterior, la experiencia temporal se configura en el entramado de campos de
saber representados por disciplinas científicas, discursos psi, empresariales y
económicos, que legitiman como necesarios y deseables modos específicos de
conducir la vida según principios basados en la competencia y el rendimiento,
entre los que se encuentran la flexibilidad, resiliencia, conciliación,
proactividad, agilidad, actitud para el perfeccionamiento continuo, el cálculo
constante de oportunidades de ganancia, entre otros.
Por
otra parte, la experiencia temporal se constituye en el marco de matrices
normativas, objetivadas a partir de políticas laborales, perfiles y planes de
trabajo, reglamentos, sistemas de evaluación, medición e incentivo a la
productividad, entre otros. Finalmente, del ensamblaje entre los sistemas de
veridicción y los procedimientos de gubernamentalidad, emergen prácticas-de-sí,
que configuran experiencias particulares de relacionamiento del sujeto consigo
mismo y la temporalidad.
Siendo
fieles a postulados como los de Foucault (2006b), los diagramas de poder
convierten ciertas experiencias humanas en objetos de gobierno, produciendo
normas y dispositivos que aplanan el campo plural de la experiencia, pero allí
no acaba todo; el sujeto no puede pensarse como mera materia formada por el
poder, en tanto tiene un grado de independencia relativa con relación a este
(Deleuze, 2015).
Para
trazar el problema que atañe a esta investigación, es preciso partir por la
siguiente pregunta: ¿Qué experiencia temporal promueve el diagrama de poder
contemporáneo? Rosa (2003); Koselleck (2004); Virilio (2006); y, Beriain
(2008), comparten el diagnóstico de que la aceleración es la estructura
temporal de las sociedades occidentales del siglo XXI, cuyas premisas son
ahorrar tiempo y mejorar la eficiencia, a lo que se vincula una sensación
generalizada de escasez de tiempo. Otro diagnóstico que comparten es que la
aceleración genera una especie de contracción del presente, produciendo una
experiencia temporal particular: una vida vivida a cada instante, afectada por
decisiones presentistas que no son planificadas en una línea secuencial.
Como
refiere Koselleck (2004): “La aceleración se convirtió en una experiencia
específica del tiempo” (p. 289). Al respecto, Virilio (2006) denominó
dromología a la monocultura del tiempo acelerado propio de la modernidad,
refiriendo que esta temporalidad es profundamente funcional a un capitalismo
comprometido con el aumento de los ritmos de circulación del capital, la
información, las personas y los bienes.
Sumado
a lo anterior, Leccardi (2014) sostiene que la sociedad contemporánea se basa
en la exaltación de la rapidez y la fragmentación temporal, donde los momentos
carecen de conexión y sentido. Para Hernández y Vivares (2025a), esto conduce a
una crisis de sintonización temporal con el mundo, en la que la aceleración
busca imponerse sobre formas de vida diversas reguladas por otros ritmos,
transformando así la pluralidad de temporalidades en puntos de agresión e
intervención humana.
En
línea con lo anterior, Sennett (2006) afirma que, el individuo actual enfrenta
la imposibilidad de construir una identidad narrativa, puesto que le resulta
difícil vincular el presente con su pasado y futuro. Por su parte, Eriksen
(2001) describe el predominio del presente en la contemporaneidad, donde pasado
y futuro son eclipsados por el “presentismo”, eje central de la subjetividad
actual.
En
su trabajo doctoral, Hernández (2024) ha discutido que la aceleración es un
proceso característico de los regímenes temporales de las sociedades modernas y
no precisamente del neoliberalismo. No obstante, su tesis es que la
racionalidad neoliberal genera un modo singular de esta: la autoaceleración
ilimitada de la máquina interna (empresarializada), la cual está implicada en
su propia desintegración. Hoy, los sujetos son seducidos a elegir la
aceleración; se trata de una aceleración sin precedentes, que se hace más tenaz
al ensamblarse con catalizadores psíquicos, bioquímicos, sociotécnicos,
algorítmicos y con recursos humanos (Hernández y Vivares, 2025b).
Mientras
la modernidad temprana se estructuró bajo la lógica de la negatividad (Han,
2014; 2024), lo que quiere decir que la fuerza productora de la aceleración
venía del afuera (del patrón, las maquinarias, los supervisores, los
sacerdotes, las instituciones, entre otros), siendo fácil demarcar los objetos
de resistencia ante la aceleración. En el tránsito hacia el neoliberalismo, los
objetos de resistencia fueron difuminados. Ahora la fuerza generadora de
aceleración sale del propio sujeto (se positiviza). Este, comprometido con el
rendimiento, explota voluntariamente sus potencias en favor del mercado,
considerándolas infinitas y renovables. En otras palabras, el neosujeto elige
su aceleración (es seducido por esta).
Los
diagnósticos presentados sobre el diagrama de poder que configura la
experiencia temporal del sujeto contemporáneo dejan por fuera aproximaciones
desde enfoques diferenciales. Es enriquecedor estudiar la autoaceleración del
presente a partir de diferentes enfoques (género, raza, clase, entre otros),
incluso desde la interseccionalidad. En este caso, será abordada a partir de un
enfoque de género.
1. Procesos de autoaceleración de profesoras en
la academia neoliberalizada
En
el ámbito laboral, el entorno académico es uno de los más estudiados respecto a
los procesos de aceleración. Slaughter y Leslie (1999); y, Gill (2009),
destacan que la academia contemporánea se caracteriza por la
hiperproductividad, velocidad y competitividad, lo que genera gran malestar
subjetivo manifestado especialmente en sintomatologías de ansiedad, depresión y
estrés. Esto surge por la elevada carga de responsabilidad y la fragmentación
de los planes de trabajo docente, que dificultan la conciliación entre la vida
personal y laboral. Además, bajo el management neoliberal,
la academia exige trabajadores cognitivos autoexigentes, flexibles y orientados
a la superación de sí mismos, quienes enfrentan dificultades para establecer
límites temporales, energéticos, espaciales y emocionales (Devine et al.,
2011).
Investigadores
como Gonçalves (2019); Ivancheva et al. (2019); Jenkins (2020); y, Fardella y
Corvalán (2020), han abordado las experiencias de profesoras universitarias
desde una perspectiva de género, destacando un conflicto temporal denominado
trabajo-vida. Señalan que los tiempos para equilibrar las diversas dimensiones
de la vida son estructuralmente desiguales entre los géneros. Aunque ambos
enfrentan los efectos de la academia neoliberalizada, los costos subjetivos son
mayores en las mujeres, especialmente cuando asumen responsabilidades de
cuidado.
Fardella
y Corvalán (2020), refieren que hay una “feminización del conflicto
trabajo-vida y el tiempo” (p. 3). Muestran que las académicas, en su gran
mayoría, tienen una doble jornada de trabajo (funciones de cuidado y trabajo
académico). En promedio, además del trabajo productivo, utilizan 22 horas
semanales en labores de cuidado. Por otra parte, son afectadas por discursos
como el de la maternidad apropiada, que establecen que deben elegir entre la
academia y la vida familiar, entre la maternidad y la carrera académica, para
evitar el fracaso personal.
La
feminización del conflicto trabajo-vida tiene efectos desfavorables en la vida
de las mujeres que respaldan las siguientes cifras: en el mundo solo hay 28,8%
de mujeres investigadoras, solo un 16% de mujeres lideran equipos científicos,
solo el 30% de mujeres académicas tienen contratos de tiempo completo
(frecuentemente optan por contratos de tiempo parcial que las precariza).
Prieto
(2007), analizó la división sexual del trabajo en el mundo contemporáneo,
refiriendo que, con independencia del lugar que ocupen los sujetos en la
estructura social, hay profundas diferencias en la experiencia temporal entre
géneros. Las mujeres narran el conflicto trabajo-vida que vivencian, refiriendo
que tienen un tiempo de trabajo remunerado (público); mientras que en la
mayoría de los casos el trabajo doméstico no es remunerado. Lo anterior causa
malestar subjetivo, pues las lleva a tener una doble jornada de trabajo. Los
hombres, en cambio, siguen delegando la conciliación entre trabajo y cuidado a
las mujeres. Por otra parte, señala que hay una feminización de los conflictos
temporales de las trabajadoras al momento de conciliar la inflexibilidad del
tiempo productivo con la rigidez del tiempo reproductivo.
En
síntesis, este artículo contribuye a los estudios sobre gubernamentalidad, que,
aunque se han basado en los conceptos foucaultianos de saber, poder y
subjetividad, han relegado las experiencias temporales como eje de
subjetivación contemporánea (Hernández y Bedoya, 2022). Analizar cómo las
profesoras universitarias interpretan, usan y gestionan su tiempo, permite, por
un lado, problematizar el imperativo de empresarialización de sí mismas, que a
menudo aplana su tiempo y agrava el conflicto trabajo-vida. Por otro lado,
ofrece un diagnóstico para las instituciones, orientado a reflexionar y diseñar
políticas que reconozcan la feminización de este conflicto y promuevan su
intervención.
Con
base en lo expuesto, la pregunta de investigación que guía este trabajo es la
siguiente: ¿Cuáles son las experiencias temporales de profesoras universitarias
en Colombia, quienes además de responsabilidades laborales tienen funciones
asociadas al cuidado de otros?
2. Metodología
Este
artículo se inscribe en el enfoque cualitativo, específicamente en el campo de
análisis del discurso, que entiende el discurso como: “Conjunto de prácticas
lingüísticas que mantienen y promueven ciertas relaciones sociales” (Iñiguez-Rueda
y Antaki, 1994, p. 63). Desde aquí, la realidad es entendida como un conjunto
de textos susceptibles de ser interpretados situadamente y a partir de
determinadas estrategias analíticas (Banister et al., 2004). El análisis del
discurso se aproxima al lenguaje en su dimensión pragmática, es decir,
partiendo de los modos en que los hablantes lo utilizan para realizar ciertas
acciones (promover ideas, prácticas e imaginarios; sostener o cambiar
determinadas estructuras y relaciones; dar cuenta de experiencias, entre otras)
(Andrade et al., 2005; Van Dijk, 2006; Urribarrí y Romero, 2019).
Considerando
que el análisis del discurso abarca diversas tradiciones, se seguirá
específicamente la línea de los repertorios interpretativos de Wetherell y
Potter (1996). Este enfoque se centra en analizar los recursos retóricos y
persuasivos, como metáforas, metonimias, analogías y tropos, que los hablantes
emplean para construir sus versiones de la realidad y posicionarse en ella. El
estudio de estos repertorios es una herramienta valiosa para comprender cómo
los sujetos desarrollan prácticas discursivas concretas que configuran sus
relaciones, en este caso, con su temporalidad.
En
la generación de información se usó la entrevista a profundidad con 18
profesoras universitarias: 4 de la región Andina, 4 del Caribe, 4 del Pacífico,
3 de los Llanos orientales, y 3 de la región Amazónica, pertenecientes a
distintos campos disciplinares. Para proteger su identidad, se omitieron los
nombres personales y fueron reemplazados por códigos (P1: Participante 1, P2:
Participante 2 y así sucesivamente), tal como se muestra en el Cuadro 1.
Cuadro 1
Profesoras participantes
|
Código |
Edad |
Programa |
Roles de cuidado |
Estado Civil |
|
P1 |
39 |
Psicología |
1 hija y cuidadora de su madre |
Divorciada |
|
P2 |
38 |
Medicina |
2 hijos |
Casada |
|
P3 |
40 |
Trabajo social |
1 hija |
Unión libre |
|
P4 |
35 |
Ingeniería ambiental |
1 hija |
Unión libre |
|
P5 |
44 |
Psicología |
1 hija |
Divorciada |
|
P6 |
38 |
Odontología |
1 hijo |
Soltera |
|
P7 |
37 |
Ingeniería civil |
1 hija |
Casada |
|
P8 |
40 |
Trabajo social |
1 hija y cuidadora de una tía |
Unión libre |
|
P9 |
37 |
Derecho |
2 hijos |
Casada |
|
P10 |
39 |
Enfermería |
1 hija y cuidadora de sus padres |
Divorciada |
|
P11 |
36 |
Educación |
2 hijos |
Casada |
|
P12 |
35 |
Educación |
1 hija |
Divorciada |
|
P13 |
45 |
Derecho |
1 hijo |
Divorciada |
|
P14 |
42 |
Psicología |
3 hijos |
Divorciada |
|
P15 |
39 |
Enfermería |
Cuidadora de su madre |
Soltera |
|
P16 |
40 |
Ingeniería industrial |
1 hija |
Unión libre |
|
P17 |
38 |
Psicología |
1 hija |
Casada |
|
P18 |
37 |
Medicina |
1 hija y cuidadora de su padre |
Divorciada |
Fuente: Elaboración propia, 2024.
Los criterios de inclusión de la muestra fueron: 1) ser profesoras universitarias con responsabilidades laborales y asociadas al cuidado de otros (niños, niñas, adolescentes, adultos mayores u otras personas de las cuales asumieran cuidados); 2) tener un contrato a tiempo completo o una carga laboral entre 35 y 40 horas semanales en una universidad colombiana; y, 3) tener por lo menos 3 años de experiencia docente. Se excluyeron de la muestra a profesoras de cátedra y medio tiempo, cuyas horas semanales de trabajo eran inferiores a 35.
Las entrevistas fueron grabadas y transcritas con el respectivo consentimiento de las participantes. Esta investigación fue aprobada por el subcomité de bioética de la Universidad Cooperativa de Colombia. La información fue sometida a los procedimientos propios de los análisis cualitativos: Codificación, categorización y condensación. Esto con apoyo en el software Atlas.ti.7.0.
3. Resultados y discusión
El análisis de las entrevistas permitió identificar la narrativa-contable como un repertorio interpretativo estructurante de la experiencia temporal de las participantes. Este da cuenta de un modo concreto de narrar la vida ante los otros y sí mismas que termina por ocasionar gran malestar, conduciendo a una fetichización y sobrevaloración de las cifras; procedimientos que dan cuenta de la actitud personal para el rendimiento. A partir de allí, parece estructurarse la forma contemporánea más avalada que el sujeto encuentra para enunciar la verdad sobre sí mismo y justificar su valía personal y profesional. Esta narrativa es problematizada por las participantes, en tanto las precariza, pone en desventaja socioeconómica y aniquila la pluralidad de la experiencia temporal.
La narrativa contable funciona como un dispositivo de gobierno que produce una forma de subjetividad específica: el sujeto contable y calculador, quien, mediante una medición y planificación constante de sus logros profesionales y personales, termina por inscribirse en lógicas de autocontrol de su productividad, deviniendo en alguien completamente responsable de su desempeño. La narrativa contable promueve una racionalidad de cálculo que convierte la relación de las participantes consigo mismas y con otros en algo estratégicamente administrable y conmensurable.
Extracto A:
Miras el
Cvlac y te pones a hacer cuentas: me faltan tantos artículos para ser asociado,
o el B1 de inglés para escalafonarme; siempre falta algo, nunca hay un espacio
de tranquilidad, o que hay que reacreditar el programa. ¿Qué es lo que falta?
Sí, lograr eso es muy satisfactorio, pero esa lógica de echar cuentas y nunca
acabar también hace mucho daño, porque no disfrutas ni la investigación, ni la
academia, ni la vida. Publicas para ser asociado, aprendes inglés porque ajá,
toca, no por amor al conocimiento (P1).
Extracto B:
Revisas
las citas de Google Académico, los hilos de Twitter, eee la clasificación en el
Ministerio de Ciencias; te exiges publicar tantos artículos por año para que no
te quiten las horas de investigación y puedas clasificarte; participas en
congresos, proyectos, luego te pones a estudiar el doc, el posdoc, y quién sabe
qué más se inventarán en el futuro. Todo eso es necesario para sobrevivir en
este mundo, pero la vida se te vuelve pesada porque cuando hablas de ti misma
terminas contando todo eso, quedas atrapada ahí, es como si no encontraras otra
manera de decir quién eres (P5).
A partir de los anteriores extractos pueden analizarse los siguientes ejes de experiencia temporal:
3.1. La experiencia de lo inacabado
El sujeto contable y calculador es producto de técnicas de gobierno que se estructuran según la lógica de lo inacabado, como indica la participante P1: “Siempre falta algo”. La narrativa contable configura un plus de goce constante; de A1 el sujeto pasa a A2, A3… A ∞, pero nunca a un estado de reposo. Dando un paso para alcanzar la meta, la meta siempre huye un tanto más. El éxito profesional es lo que siempre está adelante, como lo describen los extractos.
Las prácticas cotidianas de las profesoras se vinculan a una ascesis de rendimiento y a una experiencia temporal forjada en el marco de procesos de ultrasubjetivación (Laval y Dardot, 2013), es decir, de asumir comprometidamente el reto de burlar constantemente los límites de trabajo en la gestión de sí, en un intento denodado de ir más allá de sí mismas; autodemanda que se declara como factible, urgente y necesaria: “Todo eso es necesario para sobrevivir en este mundo” (P5).
3.2. El aplanamiento de la narración de sí y de la temporalidad
La narrativa contable aniquila la pluralidad temporal, es decir, las diferentes formas que las participantes tienen para construir la trama de sí mismas. Sus experiencias del tiempo son reducidas a la monotonía de un tiempo único: el de la sincronización de las prácticas cotidianas con las demandas de rendimiento ilimitado. Como indica Ricoeur (2004), los sujetos construyen su sí-mismo a partir del ejercicio de narrarse ante los otros. ¿Cómo se narran las entrevistadas?
Al subjetivarse en medio de estos dispositivos de medición generadores de la experiencia de lo inacabado, los cuales terminan por objetivar su valía profesional, quedan capturadas en la narrativa-contable, dificultándose la elaboración de narraciones alternativas: “Es como si no encontraras otra manera de decir quién eres” (P٥). De este modo, la respuesta a la pregunta ¿Quién soy? es aplanada por perfiles, títulos, rankings, proyectos, clasificaciones, estatus académicos e investigativos, entre otros, creando experiencias de crisis en la sintonización discursiva con los otros:
Extracto C:
Mi
exesposo no quería saber más de mi doctorado, de mi trabajo, de mis
investigaciones; fue en parte egoísta, sí, pero como él no sabe nada de este
mundo (se refiere al académico), no podía comprender que yo necesitaba tiempo
para sacar todo adelante. Igual mi hijo, pobrecito, dice que Dios lo libre de
ser psicólogo, jejeje. Me dice: «Mamá, no hable más de eso, qué pereza» (P13).
Extracto: D:
En las
salidas con los amigos de mi novio me siento muy incómoda; es como si no
supiera entrar en la conversación. Ellos hablan de banalidades, de cosas
cotidianas, entonces cuando voy a decir algo, todos son como: «Ya va a hablar
la psicóloga», o… «Ya viene a contarnos sus casos clínicos» (P14).
La narrativa contable fractura el vínculo con los otros, creando barreras de sintonización discursiva: “Mamá, no hable más de eso” (P13); “ya va a hablar la psicóloga” (P14). Estas expresiones funcionan como un reclamo al aplanamiento narrativo que experimentan las participantes; fungen como un llamado a entrar en sintonía con la alteridad. A su vez, esta narrativa genera clasificaciones de los discursos: “Ellos hablan de banalidades, de cosas cotidianas” (P14), creando categorías de razón superior que quiebran los vínculos. Sintetizando, el aplanamiento de la narración de sí conduce a perder a los otros y su heterogeneidad.
Perdiendo la posibilidad de una sintonización transformadora en el encuentro con los otros, las participantes quedan al margen de sí mismas y capturadas en la monotonía de ese tiempo único señalado. No obstante, ha de complementarse que los reclamos al aplanamiento narrativo y temporal no siempre vienen de los otros, sino que, en muchas ocasiones, son los vínculos con estos los que empujan a sostener la empresarialización de la vida y el tiempo. Esto implica que el otro no es solo posibilidad de redención, sino también de condena en la mismidad narrativa.
Extracto E:
Un día
caminaba con mi esposo en el Tesoro (centro comercial) y él se encontró con una
conocida, y me presentó diciendo: «Mire, ella también es profesora…». Fue tan
raro; en mis adentros me pregunté: «¿Acaso no soy nada más?». Jeje, su esposa,
por ejemplo (…) pero claro, es porque él también está en este cuento (es
profesor). Es impresionante cómo el trabajo se extiende a lo cotidiano;
nosotros no somos profesores los domingos como para presentarnos así (…) no
somos trabajadores los sábados en la noche, como para terminar hablando de
negocios o de posibles investigaciones, como muchas veces pasa (P2).
Extracto F: “Cuando nos reuníamos los del doctorado después de las clases, nos tomábamos unas cervezas, pero terminábamos hablando de oportunidades laborales, que si escribimos un libro, que si participamos en una convocatoria. Mierda, pero si la clase ya terminó” (P4).
Cuando todo tiempo es cooptado para la gestión de sí, para rendir, competir, capitalizarse, crear nuevos proyectos… la pluralidad temporal y narrativa sufre un proceso de alisamiento en que los ritmos subjetivos son homogenizados a través de la explosión de las esferas espaciotemporales que diferencian el trabajo, el ocio y el descanso. Aniquilada la distinción de esferas, la vida se convierte en trabajo, como se aprecia en los anteriores extractos: “Es impresionante cómo el trabajo se extiende a lo cotidiano” (P2); “no somos trabajadores los sábados en la noche, como para terminar hablando de negocios o de posibles investigaciones” (P2); “Mierda, pero si la clase ya terminó” (P4).
Esta empresarialización de la vida total del sujeto se soporta en la idea de que los recursos temporales son enteramente economizables. Esto conlleva que el tiempo de ocio y descanso ya no se diferencien del productivo, sino que emerjan como modalidades de este, es decir, en ocio y descanso en función de la producción y no como unidades temporales independientes.
Extracto G: “Para mí el tiempo es oro, entonces el poquito tiempo libre que tengo lo uso para aprender sobre temas de finanzas, sobre budismo, yoga; cosas que me sirvan” (P17).
Extracto H: “Si no me acuesto a las 9, sé que voy a ser un zombi al otro día y no voy a poder cumplir con las mil cosas que tengo” (P11).
3.3. La fetichización numérica de la subjetividad
La narrativa contable conlleva una fetichización de las cifras, es decir, a que las participantes fabriquen irresponsablemente resultados para poder alcanzar metas específicas, lo que conduce a que se relacionen con su profesión, consigo mismas y los otros, de forma meramente técnica y estratégica. Esto, en sentido estricto, quiebra la articulación entre el deber ético-político y profesional.
El deseo de mejorar interminablemente se hace problemático cuando los números y escalafones terminan por medir la gestión que los sujetos hacen de sí mismos. Claro está, deviniendo en subjetividades de cálculo, resultan siendo seducidos por esta lógica de fetichización numérica, pero al mismo tiempo, advirtiendo el daño que ocasiona. Esto último logra verse en esta parte del extracto: “Sí, eso es muy satisfactorio, pero esa lógica de echar cuentas y nunca acabar también hace mucho daño” (P1).
Con base en lo anterior, se ha encontrado que la experiencia temporal de las participantes es caracterizada por su ambivalencia. El malestar asociado a la lógica de lo inacabado y al plus de gozar indefinidamente también reporta grandes dosis de gratificación, como puede verse:
Extracto I:
Cuando
empecé a investigar, lo hacía por gusto, porque el tiempo que me daban en la
universidad nunca me alcanzaba, entonces madrugaba los fines de semana para
transcribir entrevistas, analizarlas y escribir. Las primeras publicaciones me
hicieron muy feliz; era una recompensa de tanto trabajo. Los artículos y
capítulos son como hijitos académicos de uno (risas), pero después de 7, 8, 9
ya no se celebran tanto. También me ponía muy contenta con las citas porque es
como darse cuenta de que lo que uno investiga le está sirviendo a otros, que es
útil. Pero esa felicidad estaba casi siempre acompañada de culpa materna… sí,
porque era tiempo que les robaba a mis hijos, a la familia, a mí misma
(P14).
El anterior extracto permite analizar los siguientes ejes de la experiencia temporal que se detallan a continuación.
3.4. Seducidas a la autoexplotación de los recursos temporales
Las demandas de rendimiento no funcionan por coerción, sino por seducción. Las profesoras, más que obligadas a sacrificar sus tiempos personales en función de la producción, son seducidas a hacerlo; “lo hacía por gusto”, refiere P14. En las entrevistas se encontró que los tiempos que brindan las universidades para investigar y realizar otras actividades son insuficientes; estos son cooptados por la burocracia institucional.
Extracto J:
Los
tiempos que en mi programación me dan para investigar son de mentiras, nada más
mentiroso que eso, porque van apareciendo mil actividades, reuniones, que el
formativo este, que el otro, y al final hiciste de todo, pero no hiciste nada.
Lo mismo pasa con el tiempo para preparar clase. ¿Qué les toca a los
profesores? Sacar tiempo los fines de semana. Bueno, eso se hace hasta con
gusto, o con un dulce-amargor porque es una vocación (P12).
Estos mecanismos de seducción, que muchas veces se solapan con el discurso de la vocación, constituyen un mecanismo productor de desequilibrio temporal. Cuando la exigencia de rendimiento ya no viene del exterior, sino de la voluntad del propio sujeto, los límites corporales y psíquicos se desdibujan, comprometiendo el bienestar del sujeto. Se pasa de la explotación a la autoexplotación de los recursos temporales.
3.5. La feminización de las estrategias de conciliación temporal
Frente a la escasez de tiempo para cumplir con sus funciones, las profesoras despliegan estrategias de conciliación temporal. Han asumido que el éxito y la competitividad profesional no se alcanzan haciendo una distribución equilibrada del tiempo de trabajo, ocio y descanso. En esta medida admiten prácticas de positivización del desequilibrio temporal. Conciliar implica hacer maniobras temporales para reconciliar los compromisos laborales con las demás dimensiones de la vida. De esta forma, los fragmentos de tiempo que se invierten a cada dimensión son afectados comúnmente por el trabajo, deviniendo en móviles y flexibles.
Extracto K:
Toca hacer
maromas todo el tiempo; me levanto desde las 4 de la mañana, me acuesto tarde y
ni así alcanza el tiempo. Este fin de semana, que para mí es sagrado, porque lo
dedico a mi familia, debí trabajar en un informe; estoy cansada, no he dormido
bien (P9).
Extracto L: “Me encantaba la literatura, pero hace más de dos años que no leo una novela, solo textos que me ayuden en mi investigación del doctorado” (P8).
Extracto M:
¿Ejercicio?
Jaja, ¿qué es eso? El ejercicio desapareció hace mucho tiempo de mi vida;
siempre llego muerta a la casa a ayudar a mi hija con las tareas y a acostarla
temprano para ver si escribo algo de la tesis o de otra investigación; estoy
muy atrasada (P7).
Las participantes refieren que, si bien las demandas de rendimiento en la academia afectan tanto a hombres como a mujeres, los costos subjetivos se agudizan en ellas, específicamente cuando tienen responsabilidades de cuidado. Ello, debido a una serie de imaginarios que legitiman una división sexual del trabajo, donde se asocia acríticamente que las mujeres por naturaleza son más competentes para desarrollar funciones de cuidado. Lo anterior genera una desventaja competitiva entre sexos que fomenta inequidad salarial y profesional.
Extracto N:
Mi
exesposo también es profesor, un investigador reconocido; creo que es sénior en
Minciencias. Yo siempre me sentí como inferior a él en lo académico, una
sensación como de no sentirme admirada. Todo se lo publicaban y yo con esa
lidia para escribir. Hasta que un día, me puse como a pensar —yo tan boba—:
claro, es que desde que él vivía con la mamá, se levantaba y le tenía todo
listo; era sino prender el computador y ponerse a estudiar; cuando vivíamos
juntos, lo mismo, todo listo para el señor; cuando nació Juliana, yo me dediqué
al hogar y él siguió como si nada. Así muy fácil (P18).
Extracto Ñ:
A final de
año dan un dinero por producción dependiendo del cuartil en que se publique,
pero ese dinero sale de sacrificar tu tiempo, pero ¿qué más lo voy a
sacrificar, Dios mío bendito? (risas). Como dice la canción: le faltan horas al
día. No todos podemos sacar tiempo para escribir; a los que tenemos hijos o
familia nos queda muy difícil eso, por eso la plática siempre se va para los
mismos (en voz baja: pa los hombres solteros) (P11).
En síntesis, los avances de las mujeres en derechos laborales esconden una trampa: aunque acceden a mayores oportunidades de desarrollo profesional, sus responsabilidades de cuidado rara vez disminuyen o se reparten equitativamente. Esto genera una sobrecarga de esfuerzos y una competencia desigual, puesta que las estructuras laborales, centradas en el rendimiento, no reconocen esta carga adicional ni promueven políticas de producción diferenciales.
La academia neoliberalizada y el trabajador cognitivo que la hace factible, en pro de sostener un rendimiento continuo, acoge ritmos automatizados de empresarialización con grandes costos subjetivos (especialmente en las profesoras). De esta manera, se amplían los diagnósticos de Slaughter y Leslie (1999); y, Gill (2009), que refieren que el tiempo de la academia ha sido acelerado por el neoliberalismo.
Estudiar las experiencias temporales desde un enfoque de género, como lo hacen Fardella y Corvalán (2020), es un ejercicio loable, en la medida en que invita a pensar el tiempo ya no como una exterioridad abstracta que regula la vida social, sino como un objeto de gobierno susceptible de ser problematizado e intervenido políticamente. Los hallazgos sugieren que el tiempo no debe concebirse como una entidad extrahumana, universal y objetiva, sino como una experiencia vivida por el sujeto, moldeada por racionalidades políticas específicas.
Los estudios del neo-operaismo vienen señalando que, hoy en día, la producción de valor se funda cada vez menos en la producción material y más en la generación de bienes intangibles (Reis, 2020), los cuales provienen de la autoexplotación de las facultades racionales, actitudinales y cerebrales de los sujetos (Han, 2014; 2024).
En este sentido, los resultados concuerdan con la tesis de Han de que el sujeto contemporáneo, al ser seducido por ideales de éxito, se vincula voluntariamente a procesos de autoexplotación, convirtiendo los espacios sociales y laborales en escenarios para la competencia y la producción acelerada de bienes semióticos, cuyo fin es marcar una diferenciación con los otros (Berardi, 2014). El semiocapital induce a las potencias neuropsíquicas a seguir las velocidades maquínicas de la hiperproductividad en red. De este modo, los recursos temporales son tensados hasta el colapso.
En sintonía con lo anterior, se encontró que las participantes vinculadas a economías del aprendizaje centradas en la generación, difusión y control del conocimiento, y en el sostenimiento de los procesos burocráticos de calidad de las universidades, están insertas en dinámicas laborales de competencia que, la mayoría de las veces, desbordaron los horarios oficiales de trabajo, de tal modo que el trabajo parece coincidir con el tiempo total de la vida. Esto último da cuenta de la seducción a la autoexplotación de los recursos temporales a la que fueron invitadas para participar de la narrativa contable. Claro está, dicha autoexplotación funciona como una estrategia para hacer frente a las condiciones de precariedad, pues la precariedad, en sentido estricto, es un motor para la competencia y la aceleración.
Según la experiencia de las participantes, si no es a condición de tensar al máximo los recursos temporales, se expondrían directamente al fracaso laboral y personal. En definitiva, lo que en un momento terminan canjeando las participantes es el tiempo total de la vida por la suscripción a una narrativa-contable productora de subjetividad y valor.
Lo anterior coincide con el planteamiento de Fumagalli (2020), quien indica que el borramiento de los límites temporales, espaciales y energéticos asociados a las actividades de trabajo es el signo característico del capitalismo biocognitivo. Esto lleva a preguntarse si es preciso hablar de un conflicto trabajo-vida en consonancia con Fardella y Corvalán (2020), en la medida en que la experiencia temporal de las participantes es que la vida misma ha devenido en un trabajo constante de capitalización.
En la contemporaneidad, los tiempos de capitalización no son necesariamente diferentes a los tiempos de descanso, ocio y cuidado (Hernández y Gómez, 2021). Por ejemplo, el ocio-productivo y el descanso en función de la producción fungen como meras modalidades del tiempo de capitalización, como se observó en las entrevistas y como también lo recalca Virno (2020): “Incluso la capacidad de disfrute más grande está siempre a punto de ser convertida en una actividad laboral” (p. 76). En este sentido, Bedoya (2021) señala que hoy, incluso las experiencias de intimidad son susceptibles de ser confiscadas por el capital.
En consonancia, Fumagalli (2020), a partir de la teoría del valor-vida, señala que, en el mundo contemporáneo, son las diferencias cerebrales, cognitivas y actitudinales para el rendimiento, a partir de las cuales se establecen las categorías de valorización de la subjetividad. De este modo, se viene dejando de hablar del valor-mercancía para hablar del valor-vida, lo que cobija, en sentido estricto, la disposición del sujeto para la conciliación temporal. El neoliberalismo contemporáneo produce una antropomorfización del capital, haciendo coincidir el valor económico con el valor de la vida. Vida que vale en la medida en que se adapte al molde de la subjetividad de la época.
Resumiendo, tal como indica Lazzarato (2013), hoy se vivencia un proceso de generalización de la subjetividad empresarial; la producción contemporánea es ante todo producción de subjetividad (no de mercancía). La tendencia hegemónica es transformar a cada individuo en un empresario de sí, que planifique cada movimiento, disponga cada momento y espacio para la mejora de su portafolio personal. Con base en lo dicho, se considera que sostener la dicotomía trabajo-vida no tiene sentido hoy; por tanto, es más pertinente hablar de un aplanamiento de la temporalidad que se exacerba en la experiencia femenina del tiempo.
En este trabajo se toma distancia de los postulados de Fardella y Corvalán (2020), que denotan algunas prácticas de conciliación temporal como formas creativas de articular y reinventar los tiempos: “Me veo tratando de manipular diferentes platillos para que no se caigan (…), muchas veces leía el tiempo que él dormía, casi siempre después de tomar leche, pero no siempre a la misma hora, ni duraba siempre lo mismo” (p. 8). Se considera que conciliar en vez de romper el régimen temporal contemporáneo reproduce su lógica.
Considerar creativo que una mujer haga maniobras para reconciliar los compromisos laborales con otras dimensiones de la vida supone una positivización del desequilibrio temporal. Ello no es creativo, sino precario; no es algo que deba ser romantizado en nombre del esfuerzo personal de alguien por cumplir la demanda de desplegar una potencia ilimitada para enfrentar todos los desafíos de la vida. Contrariamente, se considera que la feminización de las estrategias de conciliación temporal debe ser denunciada e intervenida institucional y políticamente, en la medida en que precarizan la vida de las mujeres trabajadoras.
Conclusiones
Los hallazgos indican que la norma general de competencia en la academia neoliberalizada produce la autoexigencia de conciliación temporal. ¿Qué quiere decir esto? Mientras en una sociedad industrial encontrar un equilibrio entre la vida personal y laboral era uno de los principales reclamos de los partidos de trabajadores, en la actualidad las demandas ya no son de equilibrio, sino de conciliación. El neosujeto ha asumido que hacerse competente, competitivo y exitoso no se logra con una distribución ecuánime de los tiempos de trabajo, ocio y descanso; por ello, positiviza el desequilibrio temporal y lo sitúa como fundamento de su subjetividad empresarial.
Conciliar implica reinventar la administración tradicional del tiempo; ser un sujeto ejemplar es perseguir el éxito en todo momento y asumir su costo. Conciliar supone que, aun estando saturados de trabajo, se pueden realizar maniobras para reconciliar los compromisos laborales con las prácticas de cuidado, la vida fitness, los hobbies, la vida conyugal, las amistades, el estudio, los emprendimientos, la psicoterapia, entre otros.
De
este modo, la forma en que las profesoras administran el tiempo se basa en la
conciliación temporal y no en el equilibrio temporal. Las unidades de tiempo
que invierte según dimensiones de la vida y actividades cotidianas son móviles
y flexibles; esto las lleva a concebir que nunca hay tiempo suficiente para
dedicarse a una actividad particular, pero sí tiempos precarios para dedicarse
a muchas cosas a la vez. Su imperativo es conciliar hasta el éxito y hasta
reventar. Así, los tiempos de trabajo, ocio y descanso son aplanados por la
empresarialidad, todos se hacen uno: un tiempo para la capitalización de la
vida.
Bajo
las formas actuales de trabajo, las docentes universitarias autoexplotan sus
recursos temporales tanto en los lugares tradicionales de productividad como fuera
de estos, porque el espacio de trabajo se ha vuelto omniabarcante de la vida.
En este sentido, tanto hombres como mujeres merecerían un ingreso compensatorio
por llevar el trabajo a su vida privada. Claro está, el caso de las mujeres es
más apremiante, en la medida en que su espacio privado termina por confluir
tanto el trabajo productivo como el de cuidado. Ello señala que la emancipación
de las mujeres del trabajo doméstico y la distribución de su corresponsabilidad
con los hombres no se ha alcanzado. Su capacidad de cuidar es autoexplotada en
nombre de la mistificación del amor y el instinto materno, que las configura en
especialistas de trabajos de cuidado no remunerados.
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