EDITORIAL
La reemergencia de la fiebre amarilla
en Venezuela.
Invest Clin 67(2): 165 - 167, 2026 https://doi.org/10.54817/IC.v67n2a00
La fiebre amarilla es una enfermedad
viral aguda, clasificada como una patolo-
gía icterohemorrágica. Es una zoonosis que
también afecta a primates de diferentes es-
pecies, los cuales son el reservorio principal
de la infección, y se transmite al humano
por diversos géneros de mosquitos (Haema-
gogus, Sabethes o Aedes), con ciclos urba-
nos y selváticos en las regiones endémicas1.
Esta arbovirosis, causada por un flavivirus,
se transmite de forma accidental al humano
cuando este invade áreas de riesgo sin la de-
bida protección, denominándose fiebre ama-
rilla selvática.
Venezuela forma parte de las zonas tro-
picales en América del Sur, junto a Brasil,
Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador, Guyana,
Argentina y Paraguay, con circulación emer-
gente y remergente de esta arbovirosis. El
virus fue aislado por primera vez en 1927 y
fue una evidencia certera en el país desde
1961, cuando se realizó el primer aislamien-
to venezolano del virus de la fiebre amarilla
a partir de un mono y de un caso humano
fallecido en el estado Táchira 1-3.
En Venezuela, la fiebre amarilla se ha
presentado en tres focos enzoóticos: San
Camilo, en los estados Apure y Táchira; Sur
del Lago de Maracaibo, en el estado Zulia; y
Guayana, en el estado Bolívar, con extensio-
nes hacia Amazonas. La existencia de estos
focos y la casi inexistencia del control de vec-
tores, junto al deterioro sanitario en el país,
y al intercambio fronterizo y migratorio, han
hecho que reaparezcan enfermedades que ya
estaban controladas, con un impacto severo
en la salud pública local, especialmente las
prevenibles por vacunación como la fiebre
amarilla 3-5.
La situación de la fiebre amarilla en
Venezuela ha escalado recientemente a un
estado de alerta sanitaria tras confirmar-
se un brote que abarca varias regiones del
país. Hasta mayo de 2026, los reportes de
organismos oficiales de salud pública indi-
can que se han registrado al menos 40 casos
en humanos: 32 en 2025 y 8 en 2026, con
21 fallecimientos confirmados, lo que repre-
senta una tasa de letalidad superior al 50%,
que históricamente ha caracterizado a esta
infección 6,7.
El virus ha circulado recientemente en
14 estados del país, con mayor incidencia
en Barinas, Monagas, Amazonas y Bolívar.
También se ha detectado propagación ha-
cia zonas previamente consideradas de bajo
riesgo, lo que representa una propagación
geográfica mayor que la de brotes anteriores,
involucrando los focos enzoóticos existentes
con mayor actividad en San Camilo. Hasta el
momento, la transmisión se mantiene en el
ciclo selvático, sin evidencia de circulación
urbana. Estas infecciones se han caracteriza-
do por un 57,5% de los casos concentrados
en la población de sexo masculino, mayor in-
cidencia en el grupo etario de 20 a 29 años
(22,5%) y el riesgo ocupacional con alta vul-
nerabilidad en los agricultores, con historial
de falta de vacunación, muy por debajo del
95% establecido como margen para prevenir
epidemias 8.
Este brote forma parte de un resurgi-
miento regional no solo en Venezuela, sino
también en América Latina desde finales de
2024, que afecta a países como Colombia,
Brasil, Perú, Bolivia, Ecuador y Guyana. En
este contexto, Venezuela ocupa el cuarto lu-
gar en incidencia de casos reportados 7.
166 Valero-Cedeño
Investigación Clínica Vol. 67(2): 2026
Por tal motivo, instituciones naciona-
les de salud e internacionales, como la Or-
ganización Panamericana de la Salud (OPS),
mantienen una vigilancia estrecha debido a
la detección de virus en primates (epizoo-
tias) en 88 localidades de ocho estados, lo
que indica una circulación viral activa en zo-
nas boscosas y un riesgo inminente de des-
bordamiento hacia áreas periurbanas 6,8.
El resurgimiento de la fiebre amarilla
en Venezuela, representa una grave amenaza
para la seguridad sanitaria regional 5. Aná-
lisis previos subrayan que la precariedad de
los sistemas de vigilancia y las demoras diag-
nósticas, propician el reconocimiento clíni-
co tardío de esta arbovirosis, agravando sus
desenlaces 3,7. Ante el incremento de casos,
es imperativo establecer protocolos estrictos
de movilidad en las zonas afectadas y ampliar
la cobertura vacunal conforme a estándares
internacionales, garantizando una vigilancia
diferenciada en grupos vulnerables, como
gestantes y adultos mayores.
Es fundamental destacar que la fiebre
amarilla es una enfermedad prevenible me-
diante vacunación. De hecho, su inmuniza-
ción es considerada uno de los logros más
exitosos en la historia de la inmunología:
una sola dosis de la cepa 17D (desarrollada
en la década de 1930) basta para conferir
protección de por vida a la mayoría de las
personas. No obstante, investigaciones re-
cientes sugieren que esta inmunidad difiere
de la inducida por las cepas de tipo salvaje;
el alcance de tales diferencias y sus mecanis-
mos subyacentes aún no se han esclarecido
por completo 9. En consecuencia, es necesa-
rio profundizar en el estudio de la respuesta
inmunitaria frente a este virus, especialmen-
te en contextos enzoóticos.
Asimismo, cabe subrayar que, a pesar de
la eficacia de la dosis única, la falta de inver-
sión en vacunas y las deficiencias logísticas
para asegurar la cadena de frío y mantener
su viabilidad, en especial en zonas rurales re-
motas, persisten como las principales barre-
ras para el control de la enfermedad 9.
La reemergencia de la fiebre amari-
lla como desafío de salud pública se debe
a una compleja red de factores ecológicos,
logísticos y sociales. Entre ellos destacan la
dinámica poblacional de vectores y reservo-
rios, el aumento de la movilidad humana y
las brechas en la cobertura vacunal. Además,
las dificultades críticas en la producción y
distribución de vacunas reflejan, en gran me-
dida, el impacto de las prioridades y políticas
gubernamentales en la gestión sanitaria 6.
Como la mayoría de las arbovirosis
emergentes y reemergentes, la fiebre ama-
rilla comparte determinantes que favorecen
la permanencia y circulación de estos virus,
como son el cambio climático, el uso de la
tierra y la alteración de los ecosistemas (es-
pecialmente la incursión humana desmedi-
da en ecosistemas vírgenes, impulsada por
la minería ilegal y la deforestación), factores
que obligan a los vectores selváticos y a los
reservorios a desplazarse hacia asentamien-
tos humanos, aumentando el riesgo de salida
hacia el ciclo urbano. También contribuyen
la urbanización no planificada, las fallas en
la vigilancia epizoótica y el limitado trabajo
conjunto entre los organismos pertinentes 4.
En definitiva, esta reemergencia no
es un evento fortuito, sino el resultado de
la convergencia de fallas en la vigilancia vi-
rológica, entomológica e inmunológica, de
cambios ambientales drásticos y de un silen-
cio epidemiológico prolongado. Como una
solución se ha planteado que la adopción del
enfoque “Una Salud” (One Health) reduci-
ría el riesgo de incidencia y brotes de fiebre
amarilla en el futuro 10; sin embargo, a pesar
de que puede ser factible y previsible el éxito
de este modelo, se debe tomar como base
imprescindible, la colaboración y comuni-
cación entre las diversas partes interesadas,
así como la publicación inmediata y regular
de boletines epidemiológicos que alerten
proactivamente y permitan la toma de accio-
nes oportunamente.
Nereida Valero-Cedeño
ORCID 0000-0003-3496-8848
La reemergencia de la ebre amarilla en Venezuela. 167
Vol. 67(2): 165 - 167, 2026
The reemergence of yellow fever in Venezuela
The reemergence of yellow fever in Venezuela poses a critical threat to the region’s
health security. After years of control, the persistent crisis has shifted surveillance from
proactive to reactive. As of May 2026, official public health agencies report at least 40 hu-
man cases and 21 confirmed deaths, corresponding to a case fatality rate exceeding 50%.
In addition to the inherent predisposing factors of arboviruses, increasing human mobility
without adequate protection in jungle areas and the accumulation of susceptible, unvacci-
nated individuals are identified as key determinants. The epidemiological impact shows a no-
table demographic bias, predominantly affecting young men of working age (57.5% of cases),
which exacerbates the socioeconomic consequences of this outbreak. Furthermore, ongoing
enzootic and epizootic circulation of the virus, both in known hotspots and in border areas
and regions previously considered low-risk, indicates a high potential for expansion. Under
the One Health approach, given active viral circulation, it is imperative to reinstate vaccina-
tion protocols to close susceptibility gaps in rural and peri-urban regions that have not yet
achieved the recommended immunization coverage, thereby completely blocking transmis-
sion and preventing the urban cycle. Similarly, it is necessary to optimize diagnostic turn-
around times, strengthen entomological and ecological surveillance, bolster international
cooperation to reduce the risk of spread to neighboring countries, provide timely alerts
about epizootics, and issue travel protection recommendations.
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